CASA DE LA LEONA

UN ASUNTO DE IDENTIDAD

En esta exhibición, Helena Aguilar, diseñadora industrial, docente y joyera, hace un recorrido por su obra, la cual lleva trabajando durante treinta y tres años desde su taller en Medellín. La joyería contemporánea en Colombia ha sido poco explorada pese a que cada vez más descubrimos trabajos de joyeros jóvenes que se atreven a explorar y practicar este oficio; sin embargo, Helena, una mujer resuelta y audaz, ha sido una pionera en este campo, formando varias generaciones de joyeros y joyeras y construyendo una carrera sólida.

La identidad, como exploración y reflexión, no es algo nuevo para Helena. Por el contrario, ha sido un camino extenso, aún inacabable, que ha transitado durante muchos años a través de sus manos. La interrogación por la identidad que se hace, proviene desde lo más íntimo y atraviesa su mirada del arte, la moda, la vida y su oficio.

Lo primero que ve el espectador al entrar, es un conjunto de piezas que tienen una inspiración concreta: la obra de Beatriz González. Helena ha estudiado la obra de la maestra González, con profunda admiración y respeto, y ha extraído de una de sus pinturas una gama de color para hablar desde la moda, algo que González explora desde la pintura y el dibujo: la representación de la cultura popular. Helena, que tiene una obsesión por lo popular y sus formas, se pregunta cómo transformarlas para, no solo llevarlas a un escenario de cotidianidad y portabilidad, sino simplificarlas y así incomodar la mirada.

Helena reconoce su territorio y como artista, busca las posibilidades de expresión de sus cavilaciones sobre el lugar que habita, pero también comprende los límites que tiene un país como el nuestro; por ello, su obra tiene la

 

capacidad de llevarnos por un camino casi histórico: un acercamiento al oro que no terminamos de resolver; también adentrarnos en la majestuosidad del Chiribiquete y luego, como si nos despertaran de una ensoñación, hacernos un llamado a la realidad colombiana actual: un país que, pese a su prodigio, duele.

Martillando sobre lo mismo, investigando la materialidad y reconociéndose una mujer hondamente colombiana, Helena busca cómo cada persona que porte una de sus joyas transite por una reflexión de su propia identidad, de su raíz. Para encontrarnos con esta retrospectiva, han pasado años de fraguar la idea de cómo trabajar la joyería cargada de pensamiento y de intención en un país que se deslumbra fácilmente con espejismos. Helena es una mujer firme, en su pensamiento, mirada y acción. Sus piezas son igualmente constantes en el tiempo y redefinen el arte llevado a la joya convirtiéndose en una precursora  de la joyería contemporánea en la historia de la ciudad y el país.

Texto curatorial por María Montoya R.

 

Mi trabajo soy yo, doy fe de que mi mano, mi pensamiento y mi corazón están presentes en mi obra.

Martillando sobre lo mismo.

 

Martillando sobre lo mismo

¿Por qué, desde la joyería, tocar los temas álgidos del país? ¿Por qué no hacerlo?

 

En esta oportunidad, Helena ha dispuesto sus piezas de tal manera que plantea una reflexión sobre una patria adolorida que ha logrado ser resiliente, quizás de manera obligada.

 

Su mano ha labrado joyas que resaltan agudamente la belleza y, en varias oportunidades, también presumen el lujo; pero, paradójicamente, estas mismas piezas nacen de la gama de color más democrática: la bandera de Colombia que tiene los colores con los que hemos crecido y sin duda nos han definido: el amarillo, el oro; el azul, los océanos; el rojo, la sangre derramada por tantos durante décadas de violencia que han determinado nuestra historia. Sin embargo, el propósito de Helena no es afligirnos, pues ella vive en un estado de gozo y esperanza, donde puede mirar hacia el futuro con una lógica de mujer libre.

 

La bandera que vemos expuesta se enfrenta a la manera en que los desahuciados cuentan el pasar del tiempo, en un ejercicio de repetición que también esta joyera lleva realizando -y perfeccionando- desde 1994 de este elemento metálico tan vigente como contundente, una composición propia de la joyería contemporánea.

 

El “ave fénix” que deja en el piso sus años de historia en forma de retazos, surge de un negro turmalina para completarse en su máximo esplendor: la forma delineada y completa de un territorio.

 

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